LA INTELIGENCIA AGONIZA

Autor Dr. Horacio krell fundador de ILVEM

El clima de confrontación que existe hoy traba la lucidez del razonamiento porque lo oscurecen con etiquetas descalificadoras. Las ideologías dañan al pensamiento. Todo razonamiento es pensamiento pero no todo pensamiento es razonamiento. El pensamiento se tiñe de emociones, en cambio el razonamiento es objetivo, deriva sus conclusiones de determinadas premisas.

El pensamiento basado en creencias conforma un sistema que se convierte en ideología. En ella aparecen ideas rígidas que conforman el pensamiento personal o colectivo. Luego se convierten en prejuicios que no se confrontan con la realidad y que no se doblegan ante ninguna prueba.

En la guerra es lógico no doblegarse, pero es inconcebible no cambiar de idea frente a la evidencia. Lo peor es que tales creencias no son propias de un sujeto pensante, sino que le fueron inculcadas por la propaganda y adoptadas sin razonar sobre su verdad y consecuencias.

Los adherentes son parte de un ejército, el que abandona las ideas es un desertor y los compañeros son los vigilantes. Así se crean cárceles o escribanías del pensamiento.

La  particularidad es que no son metas a alcanzar por el mismo, sino de objetivos destinados a que un gobierno los imponga. La militancia las recibe de la cima de la pirámide estatal y, desde allí, deben bajarla a la realidad para uniformarla. Y como la realidad se resiste a ser uniformada, la discordancia es inevitable, entonces para ellos: “peor para la realidad”.

Homogeneizar la realidad. Intentarlo provocó la Segunda Guerra Mundial al querer imponer una ideología a otros países. La necedad ideológica hizo que la guerrilla se armara cuando Argentina tenía los obreros mejor pagos de América Latina. Todo fue barranca abajo: el nivel de vida, la cultura y la inteligencia. La ideología mató al razonamiento. Todo el relato era para “la gilada” y para los mandos intermedios, las cúpulas se manejan por motivaciones distintas.

Ningún partido político se libró de la enfermedad, buscaron hacer encajar la realidad en el molde de sus banderas. El que, con inteligencia, adaptaba su conducta a la realidad era acusado de pragmático u oportunista y no de alguien con inteligencia y valor para hallar la mejor senda.

A las ideas se las toma o se las deja, sin importar que se contradigan entre sí. La represión es buena en un país y mala en otro, se prohíbe comparar y nadie lo explica por temor, a pesar de que los crímenes se produzcan en gobiernos afines con la ideología.  El garantismo proclamado cesa cuando los jueces aplican penas excesivas a los enemigos. El combo no necesita coherencia. La lógica murió en manos de la ideología y los razonamientos son piezas de museo.

Ya no se razona. Solo hay etiquetas. Se imprimen términos negativos a cualquier cosa. Como que es malo ser “neoliberal”. Se repiten hasta que parezcan malos. Sin embargo se es más inteligente cuanto más detalles se distingan de la misma cuestión, pero las discusiones actuales son la negación misma de la inteligencia. Hay más docentes que adoctrinan con combos ideológicos y menos los que incentivan estudiar y analizar las fuentes. Así es más fácil. Quienes antes criticaban la memoria de loro hoy exigen repetir un slogan. La inteligencia agoniza.

El doble discurso. Es una discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace. Es una forma de esquivar, encubrir y  reforzar una decisión errónea. A veces es inconsciente porque se forjó en la infancia con el doble discurso del adulto: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” y una doble norma para juzgar: “tú eres obstinado, yo soy perseverante”, que crean un modelo mental  asociado a reglas como no decir lo que se piensa y ocultar los sentimientos.

Se produce una incongruencia entre el sentir, el decir y el hacer. Los hábitos defensivos alteran la causa, impiden aprender, sobreprotegen, evitan corregir errores y actuar de manera efectiva.

Siempre hay cómplices de la mentira como en la historia del rey desnudo, que nadie se animaba a decir. Se precisa habilidad para mentir ya que el inconsciente es sensible y muestra el engaño.

Una teoría para la acción. La acción da sentido a los actos porque refleja la intención. La confusión entre la teoría predicada y la aplicada resta potencia y continuidad. Quien niega el modelo que usa – su doble discurso- dice una cosa pero hace otra, está incapacitado para aprender ya que observa según el modelo e interpreta las causas a su gusto. Conocer es saber hacer y aprender es corregir errores y dominar conceptos para explicar o prescribir.

Hay que protegerse de los mecanismos del doble discurso: racionalizar, negar, seleccionar, ilusionarse. Esto requiere estar atento a  los síntomas del procedimiento defectuoso.

Los métodos para razonar. El razonamiento causal procesa variables que el cerebro maneja mal, por su racionalidad limitada, eso lo lleva al autoengaño y a esconder la basura debajo de la alfombra. Para detectarlo se crean dos columnas la teórica donde se anotan los valores y la práctica donde van los pensamientos y los actos. El discurso productivo cambia el modelo y los valores para que sea coherente, verificable, resistente a lógicas alternativas, predictivo y precursor de las conductas. Para que “si p entonces q” invite a realizar ese viaje.

Los hombres no tratan sólo de hallar la verdad sino de conseguir mejoras. Diseñan buscando lo que desean y si lo consiguen crecen su autoestima, confianza, competencia y eficacia. Como son imperfectos, el conocimiento para la acción la hace más efectiva. Se precisa conciencia, memoria, adecuación al contexto y que la teoría guíe la práctica. Una buena teoría promueve líderes positivos. Los experimentos sociales ponen a la ciencia social al servicio de la democracia. La historia está llena de casos que hubieran cambiado al mundo con razonamientos alternativos. Cuando Galileo fue obligado a abjurar de su teoría sobre el movimiento de la tierra alrededor del sol sus labios se movieron para murmurar: “Y sin embargo se mueve”.

Los falsos recuerdos. La ideología tiende a fabricar falsas memorias, interpretaciones, fantasías o inferencias que se contradicen con la realidad. Y lo hacen con información externa falaz. Aprovechan  que la memoria no existe en estado puro, como para ser recuperada de manera fiel. Es fácil alterar los recuerdos y, por ende, el comportamiento. El recuerdo es una reconstrucción y la verdad histórica difiere del relato. Por eso los muertos se pueden convertir en modelos de admiración u odio. La memoria es más el fruto de las emociones. La represión muestra que los hechos desagradables, son excluidos de la conciencia o distorsionados para ella los acepte.

Lawfare. Es el uso de procedimientos de apariencia legal para perseguir a los adversarios políticos. Pero los corruptos más notorios lo usan para abrir las puertas de la impunidad. Así  organizan tribunales donde se designan como jueces y determinan que son inventos para perseguirlos. Su señoría ética cuenta con el aval tácito de los supuestos moderados del sector. También realizan “juicios populares” contra numerosos periodistas independientes. No es solo una cuestión moral. Los países de mejor calidad de vida, desarrollo económico y menor pobreza y desigualdad se asientan en sólidas instituciones, en el imperio de la ley y de la justicia.

Trampas mentales. El cerebro hace trampas. Porque la realidad está ahí pero lo que importa es la percepción Y así es como se aleja de la verdad. En las relaciones encontramos seres que parecen normales pero que psicopatean. Hay antisociales, insensibles a los derechos de los demás, intolerantes, irresponsables al expresar sus demandas, sin remordimientos ni culpas.

Son lobos disfrazados de corderos, pero seductores. Se basan en la deshonestidad y en el engaño, manipulan sin que se lo advierta. La trampa mental se conecta con los sentimientos que generan, los miedos a la soledad, a la vejez, a la inseguridad. Las trampas mentales son  prejuicios, hábitos, emociones, que impactan al cerebro sin que se adviertan. La mente juega contra la razón de diversas formas. Somos pésimos para calcular probabilidades. El cerebro busca y encuentra, patrones y conspiraciones inexistentes y suele atribuirles un significado, así como afirma coincidencias que no son tales y encuentra relaciones de causalidad donde hay solamente casualidad. Cree que puede orientar los hechos en favor o en contra de lo que desea. De ahí la importancia que se atribuye a la oración, a la plegaria por la salud de un enfermo, a los rituales, a gurúes con poderes especiales y a las acciones personales.

La trampa original. El sistema nervioso posee capas superpuestas. El tronco cerebral, como el encéfalo del reptil, controla los instintos y no aprende de la experiencia. Los mamíferos al procrear por parto aportaron la capa emocional. El cerebro racional, derivó del lenguaje verbal y se instaló en la corteza cerebral. El cerebro resultó de la evolución, no fue hecho para el hombre.  No es tan preciso como la mano, que sustituyó a la garra del animal. El animal nace perfecto, el niño débil.  La trampa es no saber armonizar estas áreas en conflicto.

La trampa cultural. Al ponernos de pie las manos reemplazaron a la boca. El cerebro fue el símbolo intelectual y los ojos su instrumento. La zona abdominal, más ligada a la naturaleza, llegó a la conciencia indirectamente, por las sensaciones estomacales. Con el lenguaje surgió el mundo cultural.  El hemisferio izquierdo alojó la razón y la palabra, el derecho las emociones y la intuición. Ambos se unen por un cable de fibras nerviosas que los conecta. La educación se concentra en la fragmentación intelectual. Para Pascal “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Mientras que la emoción lleva a actuar, la razón lleva a las conclusiones.

La Trampa biológica. Hay mutaciones azarosas en los genes y luego la naturaleza elige los que poseen elementos favorables para sobrevivir, proceso conocido como selección natural.  Esto sucede fuera del control consciente.  La creatividad  genera cambios en los paradigmas. Es el equivalente cultural del cambio genético. Ciertas mutaciones crean seres que pueden descubrir cosas nuevas, así al componente genético le suman lo aprendido y lo vivido desde la infancia.

Hay una fuerza primitiva que tiene un rol activo para la supervivencia: es la entropía o la necesidad de conservar la energía. Es tan poderosa que precisamos el descanso. Mirar una película, leer un libro, para no gastar energía. Son instrucciones opuestas: el menor esfuerzo  (entropía) y buscar lo nuevo (creatividad). La trampa es que la entropía es más potente que el placer de descubrir, aunque nos sintamos tan bien cuando este aparece.

La trampa educativa. La curiosidad está presente pero el sistema educativo no le brinda espacio. Los genes pasan de generación en generación de modo automático, los mensajes culturales se aprenden viviendo. Los “memes” son los equivalentes culturales de los genes.

Una persona creativa puede crear un meme que cambie la cultura. Existe un costo alto para crear. Lleva esfuerzo y energía, va contra la corriente y necesita aprendizaje. La creatividad es la actividad por la cual una revelación produce algo valioso. Sucede en la cabeza en interacción con el contexto, es un producto social más que individual. Pero la rutina la traba.

Con la repetición se automatiza el pensamiento.  La regularidad de ciertos sucesos crea una ilusión. El método científico logró combinar la inducción y la deducción para comprobar las hipótesis. Esto permite experimentar la conexión causal sin quedar atado a la rutina. En el hombre la libertad hace que su deseo sea la causa del efecto y motive la acción que lo provoca.

Trampas de la memoria. El cerebro se parece a una ciudad de noche, con algunas luces encendidas. A veces visitamos esas zonas, buscando novedades, ideas o soluciones. Pero lo habitual es basarse en lo viejo conocido. Con la entropía el cerebro busca el menor esfuerzo y se dirige a la información conocida. Pero el problema es algo nuevo y sólo se soluciona con nuevas  ideas. Se necesita saber cómo encender y conectarse con otras neuronas, pero los patrones de pensamiento crean redes neuronales fijas. El proceso creativo las desestructura.

La trampa de la memoria es recurrir a los recuerdos, y aplicar conocimientos no aptos para la ocasión. Por definición un problema es algo nuevo para el cerebro que no puede resolver de memoria. No se puede pensar sin un problema. El pensamiento no es memoria, como cuando se dice “estuve pensando en vos”, o  con afirmaciones como en: “yo pienso de esta manera”.

Einstein decía que no se puede enfocar un problema con el mismo criterio con el que se lo creó. Por eso es un error  el cartel THING  (piense) que aparece en las oficinas, porque a nadie se lo puede obligar a pensar sin un problema a la vista.

La noche más oscura. En el film “La noche más oscura” la directora  Kathryn Bigelow justificó los métodos de tortura usados para atrapar a Bin Laden: “En las artes sabemos que la representación no es respaldo. Si así fuera, ningún artista podría pintar prácticas inhumanas, ni un autor escribir al respecto ni cineasta alguno podría incursionar en los temas espinosos.”

Torturar es tan estremecedor que presentarlo neutral es como darle respaldo. Si se presentara así el Holocausto, encarnaría una fascinación inmoral o la neutralidad para generar horror.

La normalización de la tortura. Cuando Maya, la protagonista del film, presencia la tortura “submarino”, se conmociona, pero pronto aprende a manejarse. Su compañero, un joven agente de la CIA, sabe pasar de la tortura a la amabilidad una vez que la víctima está quebrada (prenderle el cigarrillo, contar chistes). Hay algo muy perturbador en cómo se pasa de torturador a burócrata bien vestido de Washington. Es la normalización de la eficiencia, su sensibilidad es herida, pero el trabajo debe hacerse. La sensibilidad del torturador como costo humano asegura que el film no cause rechazo: se presenta para que se disfrute el film sin sentir culpa.

Los que están en el poder intentan normalizarla, para bajar los parámetros éticos. La tortura salva vidas, pero pierde almas, y su justificación más obscena es que un verdadero héroe esté dispuesto a olvidarse de su alma para salvar a su país. Normalizar la tortura es un signo del vacío moral, una más de las trampas mentales, un tipo especial de lavado de cerebros al que nos encaminamos. Es impensable que una película así se hubiera filmado hace 30 años. Hay que  evitar que se generalice. La materia prima del cerebro es la materia gris. Ella no crece como la lechuga. Una persona puede crecer sin desarrollar su capacidad. La materia gris florece con educación. Y la educación es la industria pesada de un país porque es la que fabrica ciudadanos.

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